Docker es la plataforma de contenedores que popularizó la idea de empaquetar una aplicación junto con todas sus dependencias en una imagen inmutable que se ejecuta igual en cualquier máquina. Apareció en 2013 sobre tecnologías de aislamiento del kernel de Linux (cgroups y namespaces) y desde entonces se ha convertido en el estándar de facto para empaquetar y desplegar software.
Una imagen se describe en un Dockerfile con instrucciones declarativas (FROM, RUN, COPY, CMD) que crean capas reutilizables y cacheables. El runtime ejecuta esa imagen como un contenedor: un proceso aislado con su propio sistema de ficheros, su propia red virtual y su propio árbol de procesos, pero compartiendo el kernel del host. Esa diferencia con las máquinas virtuales es lo que hace a los contenedores rápidos de arrancar y baratos de mantener.
Docker Compose orquesta múltiples contenedores en una sola máquina para entornos de desarrollo o despliegues pequeños, mientras que en producción es habitual saltar a Kubernetes, Nomad, ECS o Fargate cuando hay que coordinar decenas o cientos de contenedores con rolling updates, healthchecks y autoscaling. Los registros (Docker Hub, GHCR, ECR, GAR) almacenan las imágenes versionadas para que el pipeline de CI/CD las despliegue de forma reproducible.
En 10Code usamos Docker en prácticamente todos los proyectos: para igualar el entorno de desarrollo entre todo el equipo, para probar migraciones contra una Postgres real en CI, y como artefacto de despliegue en cloud. Aplicamos buenas prácticas (imágenes multi-stage, usuarios no-root, escaneo de vulnerabilidades) para que los contenedores sean ligeros, seguros y rápidos de arrancar.
En 10Code llevamos más de una década aplicando estas tecnologías a productos reales. Si quieres comentarnos tu caso, escríbenos y te respondemos personalmente.
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